31 de octubre de 2016

Sus lecturas gafapásticas: Donde los árboles cantan

Ziortza me manda otra entrada para la sección Sus lecturas Gafapásticas. Los comentarios que puedan derivarse de la entrada que vayan dirigidos a ella, pues las opiniones aquí expresadas son suyas y no tienen por qué coincidir con las mías. Os dejo con la entrada.

Una vez más me atrevo a hincarle el diente a una de las novelas de Laura Gallego (escritora que me enamoró con su La emperatriz de los etéreos), la última vez tenía unos dieciseis años, pero su prosa me ha resultado tan absorbente como recordaba. Nunca será tarde para darle otra oportunidad a esta gran escritora.

Donde los árboles cantan nos sumerge en la historia de Viana, hija del duque de Rocagrís, que debido a un giro de los acontecimientos tiene que aprender a vivir como los hombres forajidos.

No quiero desvelaros más de lo que ya lo he hecho, pero considero este libro distinto a la literatura fantástica al uso (al menos a la que yo he leido), por fín literatura juvenil que representa a la mujer como un ser fuerte, por desgracia sigue cayendo en algunos tópicos y recursos de la feminidad que no terminan de convencerme ¿Acaso una mujer necesita de un hombre para seguir adelante? Como digo, desgraciadamente la presencia masculina tiene demasiada importancia para el desarrollo de la protagonista. Por no decir que como siempre se cae en que la mujer siempre se guía por emociones, por impulsos irracionales, ¿no pueden tener buen instinto? En fín.

Como bien comentan algunos compañeros en la blogosfera algunas acciones son predecibles y precipitadas, a los que vengan de grandes lecturas fantásticas tal vez pudiera resultarles una historia trillada, tal vez irritante, pero no por ello la recomendaría menos, verdaderamente pienso que aporta algo diferente al género, eso sí mejor que vosotros mismos leáis y juzguéis.

Hay algún personaje que no tolero bien (la propia Viana al principio de la historia por ejemplo - no creáis que me refiero en exclusiva a los antagonistas) pero el brillo de los sujetos sobrantes los eclipsa gratamente. Como pequeño spoiler os añado que Lobo es de esos personajes a los que es imposible no coger cariño, su historia, su personalidad, simplemente maravilloso. Y sin lugar a duda Dorea es uno de los mejores personajes secundarios que he encontrado en literatura juvenil.

Es una pena que la autora decidiera dar no más que una imagen difusa del bosque y los acontecimientos que ahí transcurren cuando detalla la parte más “noble”.

La guinda de este libro lo pone lo mismo que lo titula, si lo leéis entenderéis, el vínculo que se crea entre Viana y esos árboles que cantan es predecible pero al mismo tiempo diferente de cualquier cosa que haya leído.

Si que omitiría algunos pasajes y la mitad del epílogo me parece prescindible, sin embargo, he de reconocer que es un final hermoso para un desarrollo engorroso.

Sin lugar a duda un buen libro para regalar a los jóvenes o como lectura ligera para los más veteranos.


“Ahora tu debes decidir si siguirás siendo oyente o, por el contrario, saldrás en busca de tu propia historia.”

29 de octubre de 2016

Mis lecturas gafapásticas: El catolicismo explicado a las ovejas

Esta obra es otro ensayo de Juan Eslava Galán que, como en La segunda guerra mundial contada para escépticos, hace una labor documental impecable. Sin embargo este no es un ensayo teórico y aburrido, sino un texto divertido, irónico y ameno.


El narrador es un católico apostólico romano que explica la historia del nuevo y del viejo testamento, así como todos sus capítulos más destacados. No sólo hay explicaciones, sino que también hay espacio en el texto para que se defienda de los hipercríticos, aquellos que intentan racionalizar la religión y atentar contra la fe cristiana.


Mención especial merecen las historias de las reliquias sagradas: el santo grial, los más de treinta y dos dientes de Santa Apolonia que se conservan en España, el santo sudario, y el prepucio de Jesucristo ;)

Los apéndices, la bibliografía y los pies de página también son muy destacables.

27 de octubre de 2016

Mis lecturas gafapásticas: El invierno del dibujante

El invierno del dibujante es otra maravillosa novela gráfica de Paco Roca, que parece que no decepciona con nada de lo que hace.

El tema que aborda aquí el autor valenciano es la precariedad laboral de los dibujantes de comics de finales de los cincuenta en el régimen de Franco. Por aquel entonces Brugera era la editorial puntera en este mundillo, ya que para ella trabajaban los artistas más destacados de la época. Era tal la fuerza de la empresa que las tiradas de algunos cuadernos y revistas superaban cientos de miles de ejemplares. Sin embargo los creadores cobraban muy poco por cada página entregada, no poseían los derechos de los personajes que parían y tampoco recibían nada por las sucesivas reediciones de sus historias.

En esta novela gráfica se explica todo eso con un hecho pionero como eje central de la acción, me refiero a la creación de la cabecera Tío Vivo por parte de cinco autores: Cifré, Conti, Escobar, Giner y Peñarroya. Para ello tuvieron que forjar Dibujantes y Editores Reunidos, un sueño efimero que, como la revista, sólo duró un año.


A pesar del entusiasmo depositado en el proyecto la competencia desleal de Brugera, que dificultó la distribución de Tío Vivo, forzó a que que la mayoría de ellos volviera a su antigua casa.

Una historia preciosa por la que también desfilan Víctor Mora (creador del Capitán Trueno), Francisco Ibañez (creador de Mortadelo y Filemón), Vázquez (creador de La familia Cebolleta) y muchos otros célebres autores.

25 de octubre de 2016

Sus lecturas gafapásticas: Dando testimonio. Ocho semanas en Palestina.

Ziortza me manda una entrada para que la publique en esta nueva sección que titularemos Sus lecturas gafapásticas y en la que podéis participar todos vosotros. Como suelo comentar en estos casos, los comentarios que puedan derivarse de la entrada que vayan dirigidos a ella, pues las opiniones aquí expresadas son suyas y no tienen por qué coincidir con las mías. Os dejo con la entrada.

Antes de disponerme a comentar el contenido del libro, veo importante hacer referencia a su tipo de edición. La licencia de edición que eligió la autora, Ana Barahona, no es otra que una Creative Common (podéis leer sobre ese tipo de licencias pinchando en el nombre) un tipo de patente no comercial que no hace uso del conocido copy-right, la cual encuentro verdaderamente interesante.

Volviendo al tema que nos ocupa, todos conocemos con mayor o menor detalle el estado de Palestina frente a la opresión de Israel, las brutalidades que un gran número de personas tienen que sufrir por pertenecer a un no-país. Desgraciadamente la mayoría de la ciudadanía primermundista se desentiende, hace oídos sordos a pesar de que los gritos de los palestinos puedan llegar a ser ensordecedores, no interesa, pasamos a otro tema más divertido, más “actual”.

Es de agradecer que aún quede gente con conciencia humanista, como la propia escritora, que decide viajar y ayudar en la medida de lo posible en los pueblos y manifestaciones donde la presencia internacional sea absolutamente necesaria para la “supervivencia”.

Esta es una historia, cruda y directa, escrito en forma de diario, en primera persona pero sin que Barahona quiera darse aires de protagonista, la barbarie es la única verdadera estrella, ella no es más que nuestra intermediaria, ojos críticos pero más que nada observadores. Se hace duro leer algunos de los pasajes, la simpleza de sus palabras no enmascara el sufrimiento y el dolor de las gentes que visita.

Si bien es cierto que la situación de las imágenes, en diferente página al texto correspondiente, dificulta ligeramente su lectura, no deja de ser ligera que todo aquel se considere con un mínimo de conciencia social debería leer.


“[...] la realidad de la situación es opresión y guerra, callada y de baja intensidad”
“Mi cámara acaba de evitar un tiro en la cabeza. Pero no va a evitarlos todos.”

23 de octubre de 2016

Mis lecturas gafapásticas: La casa de las bellas durmientes

Kawabata es un genio que me ha estremecido con sus certeras descripciones de los elementos más cotidianos, que se cuelan como preciosos pétalos en su narrativa. ¿Quién puede describir la atmósfera de un burdel como algo tan singular, atractivo y delicado?

Erotismo, nostalgia, vejez y juventud son algunos de los temas que aborda este obra, en la que se inspiró García Márquez para escribir Memorias de mis putas tristes.



El mensaje de la obra es bastante críptico, pero también ahí radica su peculiar encanto. Una obra maestra con mayúsculas.

Dentro de poco habrá más entradas y también alguna que otra sorpresa en forma de entrada invitada.

9 de octubre de 2016

Recuerdos de abuelo cebolleta: la academia técnica de ajedrez (A.T.A.)

Hace ya año medio escribí una entrada en la que recordaba un evento muy especial para mí por el buen rollo que se generó entre los participantes y por acabar en un digno quinto puesto.

Ahora estoy dispuesto a volver a bucear en las profundidades de mi todavía lúcida mente para abordar unas sesiones muy entrañables de mi pasado ajedrecístico. Me estoy refiriendo, como muchos de mis lectores ya sabrán por el título, a las clases de la academia técnica de ajedrez. Espero que el texto guste y que los jovenzuelos aprendan de qué iba todo este proyecto.

Creo que la academía técnica de ajedrez, a partir de ahora A.T.A., no solo me trae buenos recuerdos a mí, sino también a buena parte de los jugadores que ahora están en torno a la treintena.  La iniciativa federativa se materializó en una escuela de ajedrez que duraría muchos años, y que fue creada para entrenar a los jóvenes jugadores vizcaínos que destacaban. Su objetivo: afrontar con garantías el campeonato de Euskadi y otros campeonatos del calendario.

La idea de todo fue de Nicola Lococo. Hace un tiempo, poco después de escribir la entrada citada con anterioridad, me puse en contacto con Francisco Javier Durán, ex socio de Zuri-Baltza y ex presidente de la federación vizcaína, para preguntarle sobre la academia. Él me derivó al filósofo portugalujo pues no sólo fue él quien ideó el concepto, sino también el que movió los hilos para que la idea se hiciera realidad. Tras esa respuesta me puse en contacto con él por mail y se ofreció a que le llamara para hablar. Sin embargo, en ese momento decidí escribir esto valiéndome sólo de mis propios recuerdos. Al fin y al cabo esto no pretende ser una reseña histórica llena de datos sobre la gestación, desarrollo y final del proyecto, sino una recopilación de impresiones de mi infancia y juventud ajedrecísta. De hecho ayer mismo, comenzada ya esta entrada, coincidí con Nicola en persona y a pesar de que charlamos un par de minutos no le saqué el tema.

Esta historia comienza en el mes de Enero 1.998, cuando recibo la llamada a filas de la A.T.A. Esta convocatoria me pilla por sorpresa y la recibo con alegría. Además, tan temprana invitación me permite poder escribir hoy con una gran experiencia en el proyecto. Es más, formé parte de la disciplina de la federación (¡qué raro suena esto!) mucho más tiempo que mis coetáneos más destacados. Creo que soy el jugador de mi edad, de cuantos aún siguen jugando, que entró más joven a formar parte de este selecto grupo. No lo digo para sacar pecho de mí talento ajedrecísto, que todos sabéis lo paquete que soy y que tengo 1842 FIDE, sino para ilustrar que soy una de las personas que más tiempo disfrutó del programa. Ingresé con 8 años de edad y lo dejé en mi adolescencia.

La carta que inició todo esto se adjunta a continuación gracias a que ha estado conservada en mi archivador casi 20 años. En ella podréis encontrar muchos datos interesantes del proyecto y los criterios de inclusión de la academia, que variaban según la edad del jugador. Conviene matizar que las condiciones expuestas en el documento no estaban escritas en piedra, lo que permitió incorporar a  aquellos chavales que destacaban a los entrenamientos.




El encargado máximo de la preparación de la joven cantera era el MI Rafael Álvarez Ibarra, junto a Nicola Lococo, Enrique Ayesta, Koldo Urbieta, Roberto Rodríguez, Jose Luis Menendez e Ibon Martín (como monitor de apoyo en la carta también se cita a Miguel Ángel Quintana, aunque no creo que ejerciera nunca como tal en el proyecto).




Como ya he comentado con anterioridad, mis resultados a finales de 1.997 me permitieron poder acudir, tras una reunión en la que se informó a los padres y tutores del proyecto, a mí primera sesión de entrenamiento. Este seminario se llevó a cabo en el primer semestre de 1.998 en el club de ajedrez Rey Ardid. Recuerdo que lo primero que hicimos allí fue un test con posiciones que requerían una respuesta táctica. De hecho a día de hoy todavía recuerdo que en una de las posiciones había que dar el mate de la Coz. Resulta curioso que apenas recuerde cosas de 1.998 pero sepa que ya sabía dar el mate de la coz. En cualquier caso recuerdo que no tenía interiorizado el patrón, es decir, tuve que calcular la posición. Poco más recuerdo de esa sesión, por aquel entonces no era consciente de que aquella había sido mi primera visita a un club de ajedrez. Más adelante se realizaron sesiones de entrenamiento en Basozelai, tal y como acredita la misiva.


El segundo recuerdo que tengo de la academia técnica de ajedrez es muy entrañable y especial, pues se trata de la primera concentración como tal que hicimos. Fue en un albergue del Durangesado al que acudieron un montón de jugadores que todavía destacan a día de hoy. Allí estábamos mezclados todos los jugadores de todas las categorías. Recuerdo a los más mayores: el MI Santiago González de la Torre, Ierai Galzagorri, Modesto Pérez… Si no me falla la memoria tanto los alumnos pequeños como los mayores estábamos juntos en dos habitaciones, algo que ahora sería difícil de comprender pero que quizás era una estrategia para intentar mantener el orden y que no cundiera el caos (estrategia que, por otra parte, se demostró totalmente fallida ;)).


Allí se nos dio un tratado de ajedrez parcialmente fotocopiado cuyo nombre era Geografía del ajedrez. Estas fotocopias fue las que utilizó Ibon Martín para darnos algunas lecciones de la apertura escocesa. También puedo visualizar las partidas rápidas que se jugaban después de cenar. Creo que los alumnos estaban con unos profesores o con otros dependiendo de su nivel, pero que todos los alumnos recibían clases de todos los docentes, si bien compartían más tiempo con aquel monitor que tenía que impartirles más clases.

Más adelante vendrían más concentraciones y más sesiones de entrenamiento en clubs, pero ya no serían como esta concentración. Quizás fuera la magia de la primera concentración pero es de la que guardo un recuerdo más grato. Además, poco a poco las concentraciones se fueron espaciando más y más en el tiempo, al punto de desaparecer y organizarse sólo encuentros de una o media jornada por diferentes clubs vizcaínos.

Esas sesiones de unas horas nos llevaron a sitios tan alejados como el club de ajedrez de Barakaldo o el que club que presido en la actualidad. De hecho en Zuri-Baltza recuerdo haber estado en un par de ocasiones, incluso antes de que me hiciera socio allá por 2.002 o 2.003. En las jornadas de mañana y tarde los integrantes del A.T.A. solían comer junto con los monitores en los propios albergues o, si era una sesión en un club, en algún restaurante de la zona. Recuerdo por ejemplo haber ido a un bar de la Calle Juan de la Cosa tras una sesión de entrenamiento.

En estas sesiones se abordaban diversos temas: aperturas, finales, medio juego… Con frecuencia veíamos partidas notables que tenían como objetivo dejarnos un poso ajedrecístico. Recuerdo que el estudio del comienzo de la partida se hacía viendo varias partidas de la misma apertura, así al menos recuerdo haber tratado las defensas eslava y semieslava. También recuerdo a Nicola preguntando a Rafa en qué se diferenciaban.

Igual de memorables que los entrenamientos eran los deberes que ponía el MI Rafa Álvarez para el verano. Estuve un verano entero intentando, durante muchas horas, sacar las soluciones de los problemas que nos propuso. Fracasé estrepitosamente, aunque al menos fuí uno de los pocos alumnos que le envié mis soluciones a su correo postal (el resto desistió o pasó de mandar nada).


Poco a poco las sesiones se fueron diluyendo, no sé muy bien por qué. Quizás se debiera a que Rafa se fue a vivir a Castellón. El caso es que pasados los años la academia centralizó sus clases en la antigua sede de la federación vizcaína de ajedrez, en la calle Jose María Escuza. Esta nueva etapa creo que comenzó en 2.000.

Tras el mítico test inicial se hicieron dos grupos divididos por edad. Un grupo, el de los jóvenes, estaba dirigido por Santi González de la Torre y otro, el de los más mayores, por Carlos Varas. Esta nueva época se caracterizó porque había clases todos los meses, lo que no recuerdo es si se impartían todos los sábados o nos reuníamos sólo un sábado cada quince días o cada mes.

Estas clases fueron muy gratificantes. Santi se curraba mucho el contenido de las mismas y aún recuerdo con nitidez lo que abordamos. Empezamos por finales básicos: dar mate con pareja de alfiles y con alfil y caballo. Una vez aprendida la teoría intentábamos dar el mate con poco tiempo en el reloj, para interiorizar lo aprendido. Además de tratar estos finales empezamos a hacer un recorrido por los grandes jugadores clásicos con el libro “Los grandes maestros del tablero" de Reti. Morphy. Steinitz y Chigorine fueron algunos de los maestros de los que aprendimos.

Sin embargo, las clases con Santi acabaron, si no me equivoco, en el año 2.001. El fin de su docencia se debió, vuelvo a insistir que si la memoria no me falla, a su marcha a Gros Xake Taldea. Durante el resto del año Carlos Varas se hico cargo del grupo dirigido por Santi, que se unió a los más mayores para conformar un gran conjunto.

Ésta es, grosso modo, la historia de la academia técnica de ajedrez, una buena iniciativa del ajedrez vizcaíno que, por lo que tengo entendido, no perdura en la actualidad. Creo que la vizcaína apadrina o ha apadrinado a algún talento en los últimos años, aunque a título individual.

Esto es todo amigos. ¿Tienes alguna anécdota que contar sobre el A.T.A.? ¿Te gustaría matizar algo de lo que he dicho? ¿Tienes algún recuerdo de alguna de las épocas del A.T.A.? ¿Tienes alguna fotografía de alguna concentración? No dudes en dejar un comentario que enriquezca la entrada.

3 de octubre de 2016

Mis lecturas gafapásticas: Harry Potter y el legado maldito

El pasado mes de Julio estuve en Londres, ciudad que desde hace algunos años tiene al mundo mágico de Harry Potter como reclamo turístico. A los enclaves cinematográficos, el parque temático de Warner, la estación de King’s Cross y la multitud de librerías que exponen las obras de Rowling casi una década después del fin de la saga, se sumó hace un par de meses la obra de teatro estrenada el 30 de Julio en el Palace Theatre. ¡No os podéis hacer a la idea de lo engalanadas que lucían las librerías de la ciudad!

El libro del que voy a hablar no es más que el texto completo de la obra de teatro. Esta historia se sitúa diecinueve años después de la obra de Hogwarts y está protagonizada por Albus Severus Potter, hijo del niño que sobrevivió, y Scorpius, hijo de Draco Malfoy.

Las preguntas que te puedes hacer antes de leer esta obra son: ¿es necesaria? ¿Aporta algo nuevo? Lo cierto es que sí que brinda algo nuevo: el futuro de los personajes de la saga y la vida de sus hijos. Ahora bien, lo que aporta no tiene por qué ser bueno y podríamos vivir sin ello, ¿al fin y al cabo no lo hemos hecho todos estos años?

La principal rémora de este libro es que tiene que hacer justicia a un legado de toda una generación de lectores. Sin embargo el propio género de la obra ya la diferencia de sus predecesoras. De hecho creo que la diferencia para mal, es decir, este libro se lee muy rápido por su formato, pero adolece de algunos detalles que ayudarían a explicar y desarrollar mejor la historia.

Ciertas decisiones que toman los protagonistas también parecen un poco precipitadas e infantiles, en contraste con la madurez mostrada por sus padres en el pasado. Esto es en mi opinión una pega clara que se le puede poner al texto, pero lo que a mí menos me gusta es que desdibuja un poco a varios personajes, especialmente a Harry Potter.

En cuanto a la trama lo que menos me gusta es que un giratiempo tenga un papel tan decisivo. El recurso fácil de poder viajar en el tiempo está ya muy manido y creo que no era necesario recurrir al mismo para contar una historia. De hecho este artefacto es una de las cosas que menos me gustan de los anteriores libros, la magia, como comenta siempre Brandon Sanderson, ha de tener unas reglas y unos límites. Recordemos por ejemplo como Dumbledore advierte a un Harry que ve todas las noches a sus padres en el espejo de Oesed, que no se puede traer de vuelta a los muertos. Lo que no nos explica Rowling en el tercer libros es: ¿por qué Harry no viajó en el tiempo para salvar a sus padres de las garras del señor tenebroso cuando tuvo un giratiempo? ¿Por qué salvar a Sirius y no a James y Lily no? ¿Tenía el chaval miedo de romper la relación espacio-tiempo y por eso renunció al sueño de tener padres? En definitiva, que el cachivache hace difícil explicar ciertas cosas. Y esta vez no sólo han vuelto a usarlo, sino que se ha abusado de él, haciendo que parezca una obra protagonizada por Marty Mac Fly y el Doctor Emmet Brown.

Esta ficción escrita por Jack Thorne y supuestamente supervisada por JK Rowling tiene más agujeros que un queso gruyer, a pesar de ello es ya canon de la franquicia y debiera ser leída por todo el mundo para poder criticarla, comentarla y, por momentos muy concretos, disfrutarla.